Alma en Garantía

Literoblastos

Por Jorge H. Haro

Pasaron casi cinco minutos de absoluto silencio desde que Mateo entró a la oficina del gerente del Banco Nacional, hasta aquel momento en el que ese hombre colorado y regordete mostró indicios de haberse percatado de su existencia.

El gerente, de nombre Isaías Rulfo según la reluciente placa en su escritorio, había estado bebiendo de su taza de café, mientras que con su mano libre reorganizaba papeles o tecleaba ruidosamente en su computadora. Cuando al fin le dirigió la palabra a Mateo, Rulfo pareció no advertir nada inapropiado en su comportamiento.

—Buen día, caballero. Tome asiento, por favor. ¿En qué le puedo ayudar? 

Mateo se sentó frente al escritorio del gerente y limpió su garganta. De su frente brotaban diminutas gotas de sudor que secó con la manga de su saco.

—Vine a solicitar un crédito —masculló—. Verá, tengo entre las manos un proyecto de emprendimiento…

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