Rigoberto y las gallinas mutantes

Siempre puedes contar con fantásticos cuentos en Literoblastos. ¡Disfruten!

Literoblastos

Por E. Pérez Fonseca

Antes que se descompusiera el refrigerador, todos convivíamos como gente decente dentro de la granja; el mozo tenía su cuarto y nadie lo molestaba, los perros tenían sus jaulas donde sólo se metían a dormir y el resto del día lo pasaban ladrando a quien anduviera junto a la cerca; las gallinas sólo hacían ruidos cuando querían su revoltura o que les prendiera el foco en las noches, el caballo y las vacas permanecían en los corrales sin dilema alguno. Rigoberto y yo, desde que se habían casado nuestros hijos, la pasábamos cuidando a los nietos. Pero volvamos al refrigerador, si no se hubiera descompuesto, nosotros seguiríamos muy tranquilos como habíamos vivido siempre, en nuestra casa dentro de la granja. Y es que un día ya no enfrió y Rigoberto lo llevó a reparar con mi compadre, el esposo de Patricia. Pobre Patricia, no sé cómo…

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